El nido
En marzo de 2026 pusimos una cámara sobre el nido de un águila coronada y la dejamos transmitiendo las veinticuatro horas. En doce días, miles de personas se quedaron mirando cómo Yupanqui aprendía a volar.
Quedan menos de mil águilas coronadas adultas en todo su rango de distribución. Casi nadie ha visto una. Una cámara sobre el nido permitió que miles de personas, desde cualquier lugar, vieran crecer a un pichón de una de las aves más amenazadas de la región — sin acercarse al nido ni molestar a los adultos.
Lo que ves acá
Esta página reúne el registro de esa temporada: doce días, del 2 al 14 de marzo de 2026, entre el momento en que encendimos la cámara y el vuelo de Yupanqui.
Los videos de esta página y el archivo del canal quedan disponibles de manera permanente.
La prueba piloto
Fue una prueba autofinanciada, sin presupuesto de difusión ni publicidad paga. Estos son los resultados de los primeros quince días.
La gente volvía todos los días
Más de la mitad de las visualizaciones fueron de personas que ya habían mirado antes, y esas visitas recurrentes aportaron tres cuartas partes del tiempo total de visualización. La duración media de cada sesión superó los quince minutos.
No fue un pico de curiosidad. Fue una audiencia que adoptó al pichón.
La temporada
Encendimos la cámara el 2 de marzo de 2026. Yupanqui ya era un pichón grande, a semanas de dejar el nido, y alcanzamos a registrar justo el tramo final: las últimas visitas de los adultos con comida, los primeros aleteos, el ensayo del salto.
Para montar la cámara y resolver la conexión en pleno campo buscamos asesoramiento técnico, y así llegamos a Luciano, de SERVI-TEC. Se entusiasmó tanto con el proyecto que le ofrecimos, como bienvenida, elegir el nombre del pichón. Eligió Yupanqui, por Atahualpa.
Voló el 14 de marzo, doce días después. Dejamos la cámara conectada: los adultos vuelven al sitio, y lo que ocurra la próxima temporada volverá a verse.
Un águila llega al nido con una víbora
Un pichón de águila coronada pasa meses en el nido antes de volar, alimentado por los dos adultos. Cada visita nos permite registrar qué traen, cada cuánto vuelven y cómo se reparten el trabajo — datos que de otro modo exigirían a alguien apostado bajo el nido durante semanas.
Por qué lo hacemos
Una especie que nadie conoce es una especie que nadie defiende. El águila coronada muere por persecución directa, por cebos tóxicos y en los tendidos eléctricos, y buena parte de esas muertes ocurren porque quien las causa no sabe qué tiene enfrente.
La cámara trabaja junto con la ciencia. El nido que se transmite es un nido monitoreado, y cada visita de los adultos, cada presa que traen y cada avance del pichón quedan registrados. Divulgar y estudiar son, acá, la misma tarea.